Cambiar el mundo

 

Claire Nouvian, galardonada con el Premio Goldman del medio ambiente por su trabajo

 

Susannah Hickling

 

CLAIRE NOUVIAN no podía ser más feliz. Acababa de presentar el borrador de su libro The Deep a algunos de los más reconocidos científicos marinos del mundo en un simposio internacional sobre aguas profundas en Southampton (Reino Unido). Las increíbles fotografías que había recopilado sobre la vida bajo el mar habían despertado efusivas muestras de asombro y entusiasmo.

Pero su sensación de orgullo se transformó en horror cuando el científico marino estadounidense Les Watling puso un video ante aquella repleta sala de conferencias. Claire se encontró observando volcanes que se elevaban a 2.000 metros por debajo del mar cerca de las costas de Nueva York. Barcos soviéticos de pesca los habían destruido en la década de 1970 y, ahora, 30 años después, estas montañas marinas aparecían destrozadas. En lugar de anémonas y corales había solo cicatrices sobre escombros producto del paso de las pesadas redes de los barcos pesqueros de arrastre. Fue en ese momento de 2006 cuando los ojos de Claire Nouvian advirtieron el nivel de destrucción causado por la industria pesquera en el mundo.

Esta periodista francesa de 44 años que había vivido en Argelia, Hong Kong y Alemania hasta mudarse a Sudamérica, había desarrollado una fascinación por el mundo que la rodeaba. Fue precisamente la realización de documentales lo que la llevó en 2001 al centro de investigación oceanográfica Monterey Bay, en California, donde descubrió el mundo secreto del fondo del océano. Allí nació la idea de su libro The Deep. Además de un libro, organizó también una muestra que recorrería distintos lugares del mundo. Ya instalada en París, Claire creó una organización llamada BLOOM, que dirige desde su casa, dedicada a concienciar sobre la protección de los océanos.

“Pensé que si compartía la historia de la belleza del mundo natural, se dejaría de destruir”, explica. “Pero fue muy ingenuo por mi parte”.

Exponer el daño y lograr ponerle fin se transformó en su pasión. Se había convertido en activista.

 

ÁVIDA DE INFORMACIÓN, Claire pidió ayuda a Les Watling. Mediante Sistemas de Información Geográfica (SIG) calcularon las áreas del suelo marino que podían ser objeto de protección y reunieron estadísticas sobre la actividad pesquera. Claire se quedó pasmada al descubrir que la flota de pesca comercial en aguas profundas más grande de Francia pertenecía a Les Mousquetaires, propietarios de la cadena de supermercados Intermarché. Watling señaló que esos barcos podían destruir áreas del tamaño de París en dos días.

Aunque The Deep se publicó ese mismo año en doce idiomas y la exhibición recorrió ocho países y convocó a 2,4 millones de visitantes, la voluntad de cambio no fue tan contundente.

“La mayoría de las personas, al enfrentarse a los científicos de la industria pesquera o a los abogados de las corporaciones multimillonarias, se apabullan ante la presión”, afirma Watling. “Pero Claire no”.

Claire soportó la intimidación (un mensaje en su teléfono con una imagen de un perro con un cuchillo en la boca, una luz láser roja que la seguía mientras se movía por el apartamento en el que vivía sola), y los problemas financieros. Hasta consideró trabajar como camarera para pagar el alquiler.

Decidió llevar su campaña a una conferencia del sector pesquero de la Comisión Europea, donde su pequeña complexión física fue inversamente proporcional a su determinación mientras denunciaba a Intermarché ante un repleto anfiteatro.

En 2012, otras dos mujeres se unieron a BLOOM. Sin ninguna financiación lograron resultados. Ese año denunciaron a Intermarché ante la autoridad de control publicitario de Francia por una campaña que anunciaba de manera falsa que las prácticas pesqueras de la compañía no representaban daños al medio ambiente marino. Intermarché se vio obligada a retirar el anuncio.

BLOOM también ganó apoyo del público. En 2013, Claire dio una apasionada charla TEDxparis, donde no solo mostró las maravillas de las profundidades marinas, como el uso de esponjas en el tratamiento del cáncer, sino que también reveló la “lógica tóxica” de la industria pesquera francesa. Incluso con subsidios, la pesca no era una actividad rentable, pero al comprar pescado en Intermarché el público estaba financiando la destrucción de las profundidades oceánicas. La conocida dibujante de caricaturas Pénelopé Bagieu, presente en el auditorio, se sintió tan sorprendida que creó una historieta que se hizo viral, y la petición de BLOOM al Gobierno francés para que se pusiera fin a la pesca de arrastre en el suelo marino sumó cerca de 900.000 firmas en pocos días, la petición medioambiental más grande en Francia.

Pero en Europa, el 10 de diciembre de ese año, el Parlamento Europeo votó inesperadamente a favor de la continuación de dichas prácticas.

“Me sentí realmente mal y muy desanimada”, admite Claire. Pero al día siguiente, volvió a animar a su equipo. Ese mismo día, Intermarché emitió un comunicado donde pedían colaboración para la implementación de prácticas de pesca más sostenibles. Un mes más tarde, la compañía accedió a no continuar pescando por debajo de los 800 metros de profundidad. En noviembre de 2015 el Gobierno francés acordó aplicar la misma prohibición y, en junio de 2016, todos los estados miembro de la Unión Europea.

Sin embargo, la tarea acaba de comenzar, asegura Claire. Ahora están centrados en la pesca eléctrica, método por el que se electrocuta indiscriminadamente todo tipo de vida marina cerca de las redes.

“Aún hay muchos daños, ¿y quién está controlando eso?”, se pregunta Claire. “Se trata de una guerra contra la naturaleza, y el mundo natural es nuestro sistema de soporte”.

 

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