Los delincuentes más tontos del mundo

 

Delinquir nunca merece la pena, sobre todo si el delito no está bien planeado   

 

Bruce Grierson    

 

Calzoncillos Delatores

Una mañana temprano, una mujer galesa descubrió a un ladrón hurgando en los armarios de su piso de abajo. El ladrón sorprendido huyó, pero no antes de que la dueña de la casa viera de reojo, mientras él se agachaba, sus curiosos calzoncillos.  

Los estrafalarios boxers resultaron ser su perdición.  

Darren Machon, de 39 años, estaba siendo buscado por la policía y fue detenido ese mismo día después de una persecución en coche por la ciudad. El sospechoso se estaba cambiando de ropa en el calabozo cuando uno de los oficiales se fijó en sus calzoncillos, con dibujos de hamburguesas, donuts y patatas fritas; la misma mezcla de fast-food que la víctima del robo había descrito.  

Los “innovadores calzoncillos” fueron utilizados como prueba en el Juzgado de lo Penal de Cardiff el pasado agosto. Lo condenaron a dos años y diez meses de cárcel por robo y conducción temeraria.   

 

Entre REJAS antes de tiempo  

El pasado mes de julio, policía y bomberos tuvieron que acudir de madrugada al rescate de un ladrón atrapado en las rejas de la puerta de la lavandería donde estaba intentando robar, en el madrileño barrio de Ventas. El hombre rompió el cristal del escaparate, lo que provocó un gran ruido que alertó a la policía, y luego intentó abrir las rejas para deslizarse dentro, pero su cabeza quedó atrapada entre dos rejas, y así lo encontró la policía.   

 

Mucho ruido y pocas nueces  

Dos hombres sacaron dinero de un cajero en una gasolinera de carretera de Inglaterra, pero lo hicieron a lo grande: lanzaron gas explosivo al cajero y lo hicieron explotar. Los dos ladrones se las arreglaron para sacar unas 25.000 libras y huir.  

Cuando llegó la policía al lugar del robo, encontraron el cajero parcialmente destruido. Pero como si se tratara de la propina, los ladrones habían desparramado parte del alijo en la huida. El rastro de los billetes condujo a la policía directamente a su escondrijo bajo un puente en la autopista. Colgando sobre ella, los asustados ladrones casi sintieron alivio al ser detenidos, ante el miedo de caer sobre el tráfico. Se declararon culpables de robo y de “causar una explosión que podía haber provocado la muerte”, y fueron condenados a 15 años y medio.   

 

Sauna callejera  

Cuando un conductor salió de su coche para ir a poner el tique del aparcamiento en una calle de Barcelona, un hombre aprovechó y se coló en el vehículo. Pero entonces, el conductor cerró el coche y el sistema de seguridad del mismo dejó al hombre atrapado.  

Después de casi cuatro horas dentro del coche recalentado, empapado en sudor, deshidratado y cada vez más atontado debido a la falta de oxígeno, fue finalmente rescatado por la policía, después de que los viandantes notaran el curioso vaho que empañaba las ventanillas.  

“Suerte que estaba nublado”, observó el agente después de detener al hombre. “Si llega a hacer sol, se muere”.   

 

TODAS LAS DE PERDER  

Nadie describiría al ladrón en serie Paul Bartlett como una persona minuciosa.  

Este hombre de 47 años provisto de un pasamontañas casero había atracado tres tiendas en el área de Birmingham (Inglaterra), en tres días, llevándose como botín alcohol, tabaco y dinero en efectivo. En uno de los asaltos perdió tiempo cogiendo el cambio de la caja registradora (mientras bromeaba con el cajero sobre que estaba arruinado). En otra incursión, llamó a su cómplice, Adam Breen, por su verdadero nombre, lo que ayudó a la policía a localizar al dúo.  

Cuando los agentes registraron la casa de Bartlett encontraron, entre otros objetos incriminatorios, un par de pantalones con una sola pernera. Barlett había utilizado la otra pernera para confeccionar el vulgar pasamontañas que utilizaba en los atracos.  

Bartlett, que tenía 27 condenas anteriores por 78 delitos, fue condenado a 13 años de cárcel. Breen, a cinco años y dos meses.   

 

No demasiado “INTELIGENTE”  

Un británico añadió la “falta de juicio” a su larga lista de transgresiones cuando robó el móvil de su abogada.  

Barrister Charlotte Johnson estaba defendiendo al británico Bobby Heath, de 26 años, acusado de conducir bajo la influencia de drogas, cuando se dio cuenta de que no encontraba el móvil. Las imágenes del circuito cerrado de televisión del juzgado mostraban cómo Heath se lo metía en el bolsillo.  

Heath fue hallado culpable de robo y condenado a dos semanas de cárcel. “El delito demuestra que no le importa su objetivo o lo que pueda provocar”, afirmó el agente de policía David Paine.   

 

Pocas luces  

Un hombre que atracó una oficina de correos de Gales fue detenido cuando intentaba comprar un coche usado con una gran cantidad de monedas.  

Las cámaras de seguridad de la oficina de correos captaron la imagen de Daniel Allen Thomas, de 29 años, abandonando las instalaciones con dinero en efectivo y tabaco. Poco después, ofreció a un hombre que vendía su Renault Clio 1.000 libras en monedas que pesaban 9,5 kilos. El vendedor, al sospechar algo raro, declinó la oferta.  

La policía detuvo al ladrón tras un llamamiento masivo a través de las redes sociales. Cuando le enseñaron las imágenes de la cámara de seguridad y las pruebas del vendedor del coche, Thomas al principio negó que se tratara de él. Pero al final tuvo que reconocerlo. Fue condenado a dos años de cárcel.   

 

Policía y actor  

Un hombre que huía a pie de una persecución de la policía pensó que se había ido “de rositas”. Parecía que le había dado esquinazo al agente que lo perseguía, el guardia civil de tráfico de 44 años Steve Hutton, de Wiltshire (Inglaterra). Entonces el joven ladrón oyó: “Agente de la unidad canina con perro, ¡deténgase!”, seguido por un salvaje ladrido. El sonido hizo que el aterrado joven se detuviera en seco.  

El agente, sin resuello, le puso rápidamente las esposas antes de que se diera cuenta de no había perro; era el propio agente quién había ladrado.  

El joven fue interrogado, pero puesto en libertad más tarde.   Pirata s borrac hos  En el pueblo pesquero de La Rochelle, en la costa atlántica francesa, cuatro veinteañeros divisaron un catamarán amarrado en el muelle de un club de vela y decidieron darse un paseíto antes del amanecer.  

Desamarraron el Hobie Cat, se subieron y pusieron rumbo a mar abierto.  

Pero no se dieron cuenta de un par de detalles: en primer lugar que era un barco pequeño, diseñado como máximo para dos tripulantes. En segundo, que los tapones de vaciado del casco no estaban atornillados. Antes de que los jóvenes pudieran sacar el barco del muelle, se hundió.  

El cuarteto fue rescatado y llevado al calabozo hasta que —literal y figu rativamente— se les pasó la borrachera. Tuvieron que pagar 2.000 euros para la reparación del barco.   

 

¡Cuidad o POR DÓNDE VAS!  

Un atracador alemán facilitó el trabajo a la policía.  

Después de arrebatarle el monedero a una anciana de 81 años a plena luz del día en la ciudad de Hildesheim, el ladrón se subió a una bicicleta y huyó. Para asegurarse de que nadie lo perseguía, dio un rápido giro, pero no vio una farola y chocó con ella. Luego abandonó la bicicleta y huyó a pie.  

Sin embargo, al caerse, al ladrón se le cayó un objeto importante: una carta con su dirección.  

La policía llegó a la casa del ladrón casi antes de que él lo hiciera.   

 

Leer ANTES DE USAR  

Justo antes de la hora de la cena una noche del pasado julio, un hombre de 24 años, junto a su colega de 17, decidieron robar una farmacia en la ciudad australiana de Perth. Uno de ellos tenía la idea de inutilizar al mancebo con un aerosol de pimienta. Blandió el bote y dejo salir un chorro. Pero fue tan torpe, que puso la boquilla mirando hacia atrás y se lo echó a sí mismo. Mientras, su cómplice, armado con un cuchillo, se cortó.  

Los ladrones huyeron, pero fueron localizados por la policía local. Las últimas noticias es que estaban explicando su accidente doble ante el tribunal del distrito.   

 

POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS  

Sobre las 2 de la mañana, un ladrón entró en una iglesia en la ciudad alemana de Muhlhausen. En completa oscuridad, intentó dar con el interruptor a tientas. Encontró la caja de fusibles y probó con varios interruptores. De pronto, las campanas de la iglesia empezaron a sonar. El tipo, de 32 años, agarró a toda prisa una figura de madera y salió huyendo, pero la policía lo detuvo en un control de tráfico.   

 

Rehabilitación a tope  

El estridente sonido de una alarma a altas horas de la madrugada llevó a la policía hasta un café en la región belga de Flandes, pero no antes de que el ladrón hubiera huido con unos 2.000 euros.  

Las imágenes captadas por las cámaras de seguridad del Café De Gouden Vis mostraban al ladrón con una escayola en la pierna derecha. Mientras huía torpemente en bicicleta, la policía lo siguió a través de las cámaras de seguridad de la ciudad hasta una casa cercana.  

Resultó que el ladrón había robado la bicicleta la semana antes y había sido pillado. En la huida se había caído desde un tejado y se había roto el tobillo. Fue llevado al hospital, donde lo escayolaron. Cuando fue puesto en libertad, empezó su rehabilitación robando en el café, por lo que fue detenido de nuevo.

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