Arte en una Calabaza

 

Dos amigos que hicieron de su afición una forma de arte 

 

David Thomas  

 

Cada vez más se adopta en Europa la tradición de tallar calabazas con caras espeluznantes iluminadas por dentro para celebrar Halloween el 31 de octubre. Sin embargo, para los neoyorquinos Marc Evans y Chris Soria, tallar calabazas se ha convertido en una pasión, un negocio e incluso una forma de arte digna de exhibirse en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York.  

“Es nuestro noveno año consecutivo intentando recrear alguna de las obras que se exhiben en el museo”, cuenta Evans. “Es un reto enorme, pero también es un gran honor poder consolidar la tradición del MoMA”. 

“Tenemos un profundo interés por enaltecer este tipo de arte. Una vez terminadas, las calabazas adquieren un realismo impresionante, casi como hologramas que cobraran vida, por la forma en que la luz pasa por sus paredes translúcidas. 

Evans y Soria tienen ambos 39 años, se conocieron hace 28 en el instituto y, desde entonces, son grandes amigos. Ambos estudiaron en la Escuela de Diseño Parsons en Nueva York antes de empezar sus carreras profesionales como artistas. 

“Nos hemos dedicado al arte juntos más de 25 años”, comenta Evans. “Tenemos una gran admiración por el trabajo del otro, es una hermandad”. 

En el instituto, “éramos los niños artistas raros. Podíamos juntarnos con los estudiosos o deportistas. Pero fue nuestro gusto por las artes lo que formó nuestro vínculo. Nos encantaba "La Guerra de las Galaxias" y las películas de terror. Siempre estábamos dibujando y pintando con cierto nivel de competitividad amistosa.” 

Cada año en la fiesta de Halloween de su colegio, deleitaban a sus amigos con sus creaciones. “Es una vieja tradición y también un arte efímero, porque la obra en sí es perecedera. No hay mucho que se pueda hacer para conservar la calabaza. Aunque existen técnicas como untar vaselina en las zonas talladas o rociarlas con zumo de limón, la mejor forma es capturándolas en una fotografía”. 

 

Apesar de la precariedad económica en su juventud, buscaron trabajos para mantener a flote su tradición. Bajo el nombre “Maniac Pumpkin Carvers” comenzaron a subir fotografías de sus diseños favoritos a Internet para compartir fotografías. Esto atrajo la atención de revistas digitales que no tardaron en escribir sobre ellos. Pronto, sus obras se hicieron virales y desde hace 10 años los pedidos no han dejado de llegar. 

“Los Yankees de Nueva York hicieron un pedido de 50 calabazas para uno de sus partidos en 2019. Contábamos con apenas 36 horas para el encargo. Tuvimos que esforzarnos al máximo, pero nos hizo darnos cuenta de que realmente podíamos sacar provecho de nuestra afición”. 

Diez años más tarde, Maniac Pumpkin Carvers llevan un próspero negocio desde Brooklyn. “Tallamos cientos de calabazas al año”, dice Evans. Los precios oscilan entre los 150 y 800 dólares, según el tamaño de la calabaza y la complejidad del diseño. Pueden tallar casi cualquier cosa, desde personajes de películas e incluso retratos de sus clientes, hasta logotipos corporativos y mensajes personalizados:“¿Te quieres casar conmigo?”, es de los más solicitados. 

A lo largo del tiempo, se ha mantenido la amistad entre ellos. “Me parece asombroso que sigamos divirtiéndonos como de niños. No tenemos estabilidad laboral, por lo que tenemos que esforzarnos y renovarnos constantemente, pero vivir del arte es un sueño hecho realidad”. 

Evans recomienda a quien quiera tallar una calabaza este Halloween: “Primero que hagan el boceto de su idea. También deben mantener limpio el espacio de trabajo. Al ser una actividad muy dinámica las herramientas pueden extraviarse fácilmente". 

“Pero lo importante es divertirse. Es una estupenda forma de celebrar Halloween o la cultura pop. Es una fantástica tradición”.

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