Chistes

Así es la VIDA

 

HACE POCO ESTABA tratando de separar la ropa sucia de la limpia, tirada por toda la habitación de mi hijo adolescente. Mientras refunfuñaba y hablaba entre dientes conmigo misma, entró mi hijo. “¿Qué sucede?”, preguntó. “¿No te gusta mi armario horizontal?”

 ROBYN CARLTON, Estados Unidos  

 

 

Hace algunos años, una amiga mía estaba saliendo de un aparcamiento mientras otro coche esperaba para ocupar el sitio. Al pasar frente a él, se dio cuenta de que el conductor le hacía una señal vulgar con la mano. Mi amiga paró el coche en seco y se bajó furiosa. El otro conductor bajó la ventanilla y, con toda calma, escuchó la retahíla airada de mi amiga. Finalmente, cuando pudo hablar, le dijo: “Mire, soy policía y hoy es mi día libre. Solo trataba de indicarle que no se había puesto el cinturón de seguridad.

Lucy Pesaro, Reino Unido

 

 

 En una ocas ión alquilamos una cabaña en las Highlands de Escocia, donde iría nuestro hijo para pasar unas vacaciones cortas con nosotros. Decidí enviarle un mensaje de texto por el móvil pidiéndole que llevara leña para la chimenea, pues las noches eran muy frías. Poco antes de que llegara nos enteramos de que un pariente nuestro, de edad avanzada, había muerto, así que le envié otro mensaje indicándole los detalles del funeral. A pesar de que transcurrieron varios días entre ambos mensajes, la mala cobertura del teléfono móvil de mi hijo hizo que los recibiera casi al mismo tiempo… solo que con el orden invertido. Lo que leyó fue: “Funeral de tu tío el sábado, a las 11:30… ¡Trae leña para el fuego!”

 Iaian Duncan, Reino Unido

 

 

 Estaba bastante satisfecho con la compra de unos zapatos que había hecho en unos exclusivos almacenes. Más o menos una semana después, un día lluvioso, tenía mucha prisa y me puse los zapatos rápidamente antes de salir a la ciudad. Aterrado, experimenté una sensación húmeda en el zapato derecho: ¡tenía un agujero! Acudí de vuelta a los grandes almacenes para quejarme del calzado. Cuando me presenté en la oficina de Atención al Cliente, la empleada revisó ambos zapatos y dijo: “Efectivamente, señor: el zapato derecho tiene un agujero. Por desgracia, usted solo compró en esta tienda el zapato izquierdo”. Mi disculpa fue tan fugaz como mi salida.

 Philip Carroll, Canadá

 

 

 El nuevo oráculo Estaba intentando enseñarle a mi madre, de 86 años, cómo usar Internet, pero a esa edad ella pensaba que podía vivir perfectamente sin él. Empeñada en demostrarle lo estupendo que era, le dije que podía escribir cualquier pregunta en Google y que éste le daría la respuesta. Mi madre no estaba muy convencida, pero ante mi insistencia escribió: “¿Cómo está Ingrid hoy?”

 Beth Webb, Canadá

 

 

 Tras haber terminado de comer en un hotel muy lujoso, esperé en la barra del bar a que me trajeran la cuenta y noté que había unos aperitivos delante mío. Tentada, probé unas galletas saladas y vi unos pistachos en otro plato. Cogí uno y lo engullí con algo de culpa al ver aproximarse al camarero. Entonces me di cuenta de que no eran pistachos: eran huesos de aceitunas que había comido algún cliente anterior.

Angela Le Roux, Reino Unido

 

 

 Reacción química La primavera pasada compré unos zapatos de lona de color crema, pero una semana después me molesté mucho al darme cuenta de que tenían unas manchas horribles. 

Entonces se me ocurrió una brillante idea: quitarlas con espuma para limpiar alfombras. ¡Funcionó! El calzado quedó como nuevo. Esa misma semana, mientras esperaba el autobús, cayó un fuerte aguacero.

Al subir y buscar un asiento vacío, noté que la gente me miraba con una sonrisa.

Entonces miré hacia abajo y vi que mis zapatos de lona habían desaparecido entre una nube de espuma.

Bea Wilkinson, Reino Unido

 

 

 Una vez viajábamos mi marido y yo en tren por Escocia cuando, de pronto, éste se detuvo. Tras unos minutos, el conductor anunció que la razón era que había unas vacas sobre las vías. El tren estuvo parado aproximadamente 15 minutos, y luego empezó a moverse.

Unos 10 minutos más tarde, el tren volvió a detenerse. Segundos después escuchamos la voz del conductor decir por el altavoz:

—Damas y caballeros, nos disculpamos una vez más por la demora en su viaje, pero mucho me temo que hemos alcanzado a las vacas.

Paula Henstock, Reino Unido

 

 

 Una oscura mañana bajé las escaleras y empecé a charlar en la penumbra con nuestra gata, Mimí, que solía sentarse en la silla junto al teléfono del pasillo. Me sorprendió mucho su falta de reacción a mis saludos, así que, algo confundido, finalmente encendí la luz… entonces me di cuenta de que había estado charlando con el bolso negro de mi mujer.

Philip Carroll, Reino Unido

 

 

 Con frecuencia acudimos a misa los domingos. Un fin de semana le preguntamos a mi abuela, que estaba con nosotros, si quería acompañarnos, aunque ella no fuera cristiana, y aceptó.

En el momento de la colecta, mi abuela se animó un poco, y con un tono de voz bastante alto, me dijo:

—¡Bueno, ya hemos pagado! ¿Podemos irnos a casa?

Deena Colworth, Reino Unido

 

 

 Dos de nuestros hijos estaban peleando en su cuarto. En cuanto escuché el alboroto, entré corriendo a separarlos, y pude ver unas gafas rotas en el suelo.

—¡No era mi intención hacerlo!

—exclamó el culpable —. ¡Solo quería romperle la cara a mi hermano!

Ruth Groome, Reino Unido

 

 

 La hermana de 44 años de un vecino nuestro estaba embarazada, esperando gemelos. Cuando una sobrina suya le preguntó si sabía el sexo de los bebés, ella respondió:

 —No, no lo sé. Quiero que sea una sorpresa.

 —Tienes 44 años y estás esperando gemelos —respondió su sobrina —.¿Qué otra sorpresa te gustaría tener en la vida?

Jim Grant, Estados Unidos

 

 

 Durante una tormenta, el coche de mi mujer quedó atrapado en un banco de nieve. Casualmente, el obstetra que la atiende pasaba por allí y vio que las llantas del vehículo estaban patinando. Cuando se ofreció a ayudarla, mi mujer no pudo resistirse a decirle:

 —¿Listo, doctor? Ahora, cuando yo cuente hasta tres, ¡puje con fuerza!

H. Steinberg, Estados Unidos

 

 

 

Soy consejero y ayudo a coordinar grupos de apoyo para adultos con discapacidad visual. En una ocasión me acababan de asignar un nuevo conjunto de personas y me estaba presentando a ellas.

En tono de broma, les dije:

—Para aquellos que no pueden verme, me han dicho que soy una mezcla entre Paul Newman y Robert Redford.

Sin perder un instante, una mujer exclamó:

—¡No estamos tan ciegos!

Bob Shankland, Canadá

 

 

 He trabajado como basurero desde hace muchos años, así que cuando encontré un letrero que decía “Basura” pegado en un contenedor, lo reemplacé con la siguiente nota: “Después de 20 años en este trabajo, ¡reconozco la basura cuando la veo!” Vacié el cubo y continué mi ruta.

La semana siguiente apareció esta nota en el mismo contenedor:

“Estimado Experto en Desperdicios: ¡el cubo de basura es la basura!

Stan Gorksi, Canadá

 

 

 Hubo una época en la que la empresa para la que trabajo cambiaba de dueños constantemente, y lo mismo sucedía con el nombre. Tras la más reciente administración y cambio de nombre, comenté:

 —Creo que vamos a necesitar un nuevo cartel con el nombre de la compañía fuera del edificio.

 Un compañero de trabajo se apresuró a responder:

 —No necesitamos un cartel nuevo... ¡más bien una pizarra!

Gary Schneider, Estados Unidos

 

 

 Durante buena parte de su turno como camarera en un bar, mi mujer tuvo que soportar a un cliente pesado. Al final de la noche, el sujeto preguntó con brusquedad:

 —¿Dónde está el baño?

 Ella contestó:

 —Vaya por el pasillo y encontrará una puerta con un letrero que dice “Caballeros”. Por favor, no permita que eso lo disuada.

 Jason David, Reino Unido

 

 

La oficina en la que trabajo cuenta con cubículos de un metro de altura para que los empleados puedan disfrutar de un poco de privacidad. En una ocasión una compañera mantuvo una conversación telefónica exasperante con uno de sus hijos adolescentes. Tras colgar el auricular, suspiró y dijo:

 —Nadie me escucha nunca.

 Rápidamente, varias voces provenientes de cubículos vecinos dijeron al unísono:

 —¡Nosotros sí!

 Jo Jaimeson, Canadá

 

 

Oído por casualidad en el hospital donde trabajo:

Enfermera: Vengo a sacarle sangre.

Paciente: Pero si me acaban de poner sangre ayer.

Enfermera: ¿Y creyó que podía quedársela?

Rebecca Shafer, Estados Unidos

 

 

Mi hijo Ahmed iba a participar por primera vez en un acto de la escuela infantil a la que asistía. En el último ensayo, cuando le tocaba hacer un juramento a la bandera, tenía que decir:

 “Y daré mi vida por ella”.

 Sin embargo, el niño se giró a mirar a su profesora y con tono de preocupación le dijo:

 —¿Morirme? ¿Y si mejor me desmayo solo?

Natalia Moya, México

 

 

Descubrí a mi hijo Luca usando sus rotuladores en todos mis paños de cocina. Había hecho un dibujo en cada uno de ellos.

Cuando, bastante molesta, le pregunté por qué había hecho eso, me respondió que yo siempre me estaba quejando de que no tenía suficiente dinero para comprar paños de tela estampada, así que pensó que podría darme una agradable sorpresa.

Joanna Aitch, Reino Unido

 

 

El miembro con más éxito del grupo para perder peso al que pertenecía era una mujer de edad avanzada.

 —¿Cómo lo ha logrado? —le pregunté, intrigada.

 —¡Muy sencillo! —contestó ella—. Todas las tardes, a las seis en punto, me quito la dentadura postiza.

 Cathy Schreim, Canadá

 

 

Mientras saltaba para dar un cabezazo en un partido de fútbol logré hacer contacto con la pelota, pero también recibí una patada en la cara. Cuando los asistentes me sacaban del campo en una camilla, algunos padres de familia que estaban entre los espectadores comentaron, horrorizados, la fractura tan grave que había sufrido en la nariz. La verdad es que mi nariz estaba bien… así es normalmente.

 fmylife.com

 

 

 Mi padre, que es capellán, estaba teniendo problemas con su coche, así que llamó al taller mecánico para que le enviaran una grúa.

Cuando ésta llegó, mi padre dijo:

—Espero que no resulte muy caro. Solo soy un pobre clérigo.

—Sí, lo sé —respondió el mecánico—, he acudido a varios de sus servicios religiosos.

 Lois Jones, Reino Unido

 

 

 En una ocasión les estaba mostrando a mis hijos un antiguo teléfono de pared. Tras mirarlo un momento, el niño, de nueve años, preguntó:

 —Oye, mamá, ¿y cómo enviabas mensajes de texto? 

 

 

Falsa alarma

Hace poco, mientras visitábamos una pequeña isla griega, a mi marido le dio por tocar la campana de una iglesia local.

Pronto, un numeroso grupo de habitantes empezó a entrar en el cementerio contiguo, con expresión de tristeza y desasosiego.

Entonces el guía turístico le informó a mi marido de que la campana solo se utilizaba cuando moría algún habitante de la isla... lo cual lo hizo sentir muy avergonzado.

 Joseph Taylor, Reino Unido 

 

 

 Al oír eso, su hermana, de 15 años, se echó a reír a carcajadas hasta que le surgió una duda.

 —Un momento —dijo—, ¿y dónde guardabas tus contactos?

Tara Price, Estados Unidos

 

 

 Cuando un amigo de mi marido hizo un pedido en un restaurante de comida rápida, el cajero le preguntó su nombre.

 —Es Stephen, con ph —dijo. Al poco tiempo le entregaron su pedido y un recibo que tenía escrito lo siguiente:

 “Phteven”.

Wendy dewberry, Estados Unidos 

 

 

En una ocasión, mi atractiva asistente personal, de 20 años, entró a mi oficina, se sentó en el borde del escritorio y me preguntó si eran ciertos los rumores de que yo había terminado con mi novia.

Cuando le confirmé la noticia, sonrió y quiso saber si creía estar preparado para salir con alguien más. Mi ego de hombre de 38 años empezó a crecer hasta el cielo, pero al mismo tiempo mi conciencia se preguntaba si una relación entre nosotros sería correcta. Entonces decidí desencantarla suavemente diciéndole que era demasiado pronto para involucrarme con otra mujer.

Ella volvió a sonreír, suspiró y dijo:

—Es una verdadera pena. Creo que habría sido el hombre perfecto para mi madre.

 

 

Aspiraciones

“Mamá, me gustaría ser como tú”, me dice mi hija Emma, de casi cuatro años y medio. “Eso es muy bonito, cariño. ¿Pero, por qué?. “Porque tú tienes móvil, barra de labios y dinero”.   Zsófia Lakatos, Budapest          Selección de personal   La primera mañana en el campo de entrenamiento del Ejército, la unidad a la que yo pertenecía fue despertada por el sargento instructor, quien nos ordenó formar fla afuera. —Soy el sargento Jackson —dijo en tono seco—. ¿Hay alguien aquí que piense que puede darme una paliza?. Mi hermano, de 1,90 metros de estatura sin zapatos y 127 kilos de peso, que se había enrolado en el Ejército conmigo, alzó la mano y respondió: —¡Sí, señor, yo!. El sargento lo tomó del brazo con fuerza y lo hizo pasar al frente. —Señores, este recluta es mi nuevo asistente —anunció—. Ahora, ¿hay alguien aquí que crea que puede darnos una paliza a los dos?.     Robert Norris, Estados Unidos          Errores monumentales   ¿Buscas empleo?. Toma nota de estas pifias cometidas por aspirantes. - Una postulante especificó que, en vez de leerse, su currículum vítae debía ser cantado al compás  del tema musical de una popular serie de televisión de los anos 70.  - El currículum de la candidata estaba adornado con conejitos rosas.  - El aspirante aseguró saber hablar "antartidano" cuando solicitó un empleo en la Antártida .  - La carta de presentación de la postulante mencionaba que su familia pertenecía a la mafia.      Tomado de careerbuilder.com          Fotogenia    Cuando recibí mi nuevo abono transporte le comenté a mi esposo que la foto no me hacía justicia. - "No es justicia lo que necesitas en esa foto - reposo-, isno piedad!"     Jen Robins, Reino Unido           Pastores   En una ocasión, la profesora de la guardería de mi sobrino Brayan les mencionó a sus alumnos que participarían en la obra de teatro navideña vestidos de pastores. Al llegar a casa, Brayan se lo contó a mi hermana y exclamó: —¡Ya sé de qué me voy a vestir! ¡Qué buena idea! —¿Ah, sí? ¿De qué? —¡De pastor alemán!   Jhoanna Vázquez           Cosas gratis   A mi padre siempre le gustaron las cosas gratis. En cierta ocasión, mientras daba un paseo matutino, una bolsa de lo que supuso era fertilizante granulado cayó de la parte trasera de un camión que pasaba por allí. Sin darse cuenta, el conductor siguió tranquilamente su camino por la carretera. Mi padre, feliz por la oportunidad de disfrutar de algo sin coste alguno, recogió la bolsa y se dirigió a casa. Entró corriendo y llegó hasta el jardín trasero, donde cultivaba sus preciados tomates. Sin perder tiempo, esparció su tesoro recién hallado en la base de las plantas. Sin embargo, cuando empezó a regarlas se sorprendió al ver que las bolitas no se disolvían. Una revisión detenida de la bolsa convirtió la alegría de mi padre en decepción al leer estas tres palabras: “Bolitas de relleno”.      David T. Gilbert, Australia           De vuelta en casa   Mi hijo tenía una vieja camiseta que le gustaba mucho. Desafortunadamente, ya no era posible plancharla después de tantas veces que se había centrifugado en la lavadora, así que decidí donarla a la tienda de beneficiencia del barrio. Una semana más tarde vi que mi hijo la traía puesta de novo, impecablemente planchada. -"Los de la tienda consiguieron plancharla perfectamente, así que dedidí comprarla de nuevo", de dijo.   Amie Yardley, Australia            Temores   Está claro que a mi novia y a mí nos preocupan cosas distintas. Un día le pregunté qué era lo que más temía, y me respondió: “Que conozcas otra mujer, me abandones y me quede sola”. Entonces me preguntó: “Y tú, ¿qué es a lo que más le temes?” “Pues a los osos”, contesté.     Mike Birbiglia, comediante             Legítima duda   Había llovido todo el mes y mi nieta, de seis años, me preguntó si seguiría lloviendo. Dije que sí y, tras mirar al cielo, la niña preguntó: “¿Y cuándo se va a vaciar?”      Marion Cosman, Canadá             Diez mandamientos   Un domingo un hombre va a la iglesia y escucha un sermón sobre los diez mandamientos. Tiene una revelación y va a confesarse. —Perdóneme, padre, porque he pecado —empieza a decir. —Te escucho, hijo —responde el cura en el confesionario. —Perdí mi sombrero y entré a la iglesia a robar uno, pero al escuchar su sermón cambié de parecer. —Eso es maravilloso —dice el sacerdote—. “No robarás” es un mandamiento muy poderoso. —Sí, padre, es cierto —contesta el hombre—. Sin embargo, cuando usted dijo “No cometerás adulterio”, recordé inmediatamente dónde dejé mi sombrero.         Pantalla congelada   Una fría mañana de invierno, una mujer le envía a su esposo un mensaje de texto: “¡Pantalla congelada!” El marido le responde lo siguiente: “Vierte agua tibia sobre ella”. Cinco minutos más tarde, la mujer le envía otro mensaje: “Computadora completamente dañada por el agua”.     Enviado por Catherine Hiscox, Reino Unido