Creando naturaleza

Un grupo de islas artificiales consigue que un lago moribundo vuelva a la vida. Un proyecto holandés como ejemplo de cooperación entre ecologistas y constructores.

Paul Robert

 

Los holandeses están orgullosos del dicho “Dios creó la tierra, pero los holandeses crearon los Países Bajos”. La primera parte de esa afirmación está sujeta a debate, pero aquí, en medio del lago Markermeer, de 700 kilómetros cuadrados, estoy literalmente rodeado por la evidencia de la segunda parte de esa declaración.

 Estoy sobre una duna de arena artificial al borde de una isla artificial, con Roel Posthoorn, creador y director del proyecto Marker Wadden: cinco islas con dunas y pantanos y un pequeño puerto deportivo para los visitantes.

Desde nuestro mirador de unos 3 metros de altura, vemos un paisaje, obra del hombre, de horizonte a horizonte. El lago está rodeado por diques rectos. Uno tiene una carretera de cuatro carriles en la parte superior. Detrás de ellos, la tierra se encuentra entre 1 y 4 metros bajo el nivel del mar. El horizonte del centro de negocios de Ámsterdam es visible a lo lejos.  

Este lago formaba parte de Zuiderzee, de 5.900 kilómetros cuadrados, una bahía poco profunda en el corazón de los Países Bajos, conectada con el Mar del Norte. En 1932, la bahía se separó del mar mediante un dique de 32 kilómetros y, desde entonces, los holandeses han recuperado dos grandes superficies de tierra, creando los denominados "polders”. 

Había planes para hacer un tercer pólder, pero un estudio mostró que afectaría a los niveles de agua subterránea en las zonas terrestres circundantes y podría dañar los postes de madera bajo el centro histórico de Ámsterdam. Y como nadie quería aprobar la destrucción de esa famosa ciudad, el plan se abandonó y la zona se convirtió en el lago Markermeer. 

Pero, aislado de cualquier entorno natural con diques revestidos de basalto, el lago comenzó a morir de hambre por falta de un ciclo natural. Se invirtieron millones de euros en investigación para desarrollar nuevos planes sobre qué hacer con el lago o cómo salvarlo. 

“En 2010 vi que iban a volver a gastar 40 millones de euros en investigaciones e informes”, cuenta Roel Posthoorn, que sigue de pie en lo alto de esa duna de arena. “Entonces tuve una idea: ¿Por qué no creamos un hábitat natural construyendo islas en el lago para traer plantas y peces? Si tienes tierra y traes plantas, los pájaros vendrán y fecundarán el agua y entonces volverán los peces”.

EL PUNTO MÁS PROFUNDO

Posthoorn, ecologista e ingeniero forestal, trabajaba entonces en Natuurmonumenten, la asociación más importante de los Países Bajos para la conservación de la naturaleza. La asociación no estaba implicada en el proyecto del lago, pero Posthoorn se interesó porque vivía en la ciudad de Lelystad, que limita con Markermeer. 

Escribió el plan en dos hojas de papel y Natuurmonumenten lo presentó al “fondo de los sueños” de una lotería benéfica nacional, desarrollado para poner en marcha ideas prometedoras con pocas probabilidades de éxito. Al plan se le concedieron los primeros 15 millones de euros de los 75 millones presupuestados. Otros se interesaron en su idea: la misma Natuurmonumenten, la ciudad de Lelystad, la provincia y el Estado. Después de una licitación a nivel europeo, una de las mayores empresas de ingeniería hidráulica de los Países Bajos, Boskalis, empezó a trabajar en 2016. 

“Este es en realidad el lugar más profundo del lago”, explicó Posthoorn, en la cima de la duna de arena. “Aquí la profundidad del agua es de 4,5 metros. Sugerí que comenzáramos aquí con la primera fase, para demostrar que era factible". 

Posthoorn me muestra los alrededores en un carrito de golf eléctrico, el único vehículo motorizado que existe en las islas. Señala el único tramo de dique sólido de piedras de basalto en el lado occidental de la isla, el flanco más vulnerable a las tormentas. Pero hay una diferencia entre este dique y los diques que protegen de las inundaciones el 55% de los Países Bajos, que está bajo el nivel del mar. En este dique hay un agujero cada 200 metros. “Queremos que la isla se inunde en una tormenta, para permitir que la zona que hay detrás se desarrolle de forma natural”. 

PROYECTOS CIENTÍFICOS

Pero no todas las tormentas arrecian desde el oeste. Lo vemos cuando caminamos por la playa de arena en el flanco norte de la isla principal. El Markermeer puede ser un lago relativamente poco profundo, pero debido a su gran tamaño, las marejadas ciclónicas son importantes. “Una tormenta del norte golpeó aquí a principios de año y se llevó por delante un trozo de la duna de arena”, dice Posthoorn. Lo que quedó fue una empinada pared de arena. Dentro hay pequeños agujeros. Los ojos de Posthoorn se iluminan. “Los lados empinados de las dunas resultaron perfectos para que anidara el avión zapador. Había cientos de ellos aquí. Y la arena que se arrastró volvió a asentarse más arriba, donde ahora tenemos una playa mucho más ancha. Es la prueba perfecta de la naturaleza en acción”.

Estudiantes e investigadores de universidades de todo el país controlan todos estos acontecimientos. Hay varias redes de insectos repartidos por toda la zona que se pueden rastrear y examinar para saber qué insecto se han asentado en estas nuevas tierras. Posthoorn también señala un par de ramas muertas que sobresalen de la arena y explica que ese es otro proyecto científico. “Sabemos que las aves esparcen semillas de plantas y arbustos en sus excrementos. Pero para hacer eso, necesitan poder posarse en algún lugar. Los estudiantes colocaron esos palos para que los pájaros se posaran y ahora miden cuánto tiempo pasará antes de que los primeros arbustos o árboles empiecen a crecer aquí”. 

Las aves e insectos se han asentado de forma independiente en las islas, y solo se plantaron algunos tipos de plantas como cañas y hierba. Ya han aparecido otras plantas. Y una familia de águilas marinas patrulla regularmente por los cielos de Marker Wadden. En el agua alrededor de la isla, 300 peces capturados localmente fueron reintroducidos y ahora se los controla para ver si usarán los nuevos arroyos y estanques para desovar.

CREATIVIDAD

Marker Wadden parece ser un ejemplo de cómo contrarrestar algunos de los efectos negativos de la forma en que los humanos alteramos nuestro entorno. Pero, ¿podría copiarse este ejemplo típicamente holandés de ingeniería hidráulica sostenible en otras partes del mundo? 

“Hay otras regiones como esta”, dice Posthoorn, “pero tenemos muchos otros problemas en el mundo, como la formación de desiertos. Para mí, este proyecto es, por encima de todo, un ejemplo de cómo encontrar soluciones a grandes problemas siendo creativos. Y no es excusa decir que es fácil porque los Países Bajos son un país rico donde puedes encontrar 75 millones para hacer una cosa así. Si observa los miles de millones disponibles en el mundo para proyectos medioambientales, deberían poder hacer más cosas como esta. Todo lo que necesitas es creatividad”. 

Jeroen van der Klooster, jefe de proyecto de la compañía Boskalis, que construyó las islas, está de acuerdo. “Deberíamos poder ejecutar proyectos similares en otras zonas del mundo, si las organizaciones medioambientales y compañías como la nuestra lograran colaborar para beneficio de todos”. Reconoce que la cooperación entre socios tan diferentes no fue fácil, “pero hicimos algo que no desaparecerá del mapa.” 

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