En primera línea

 

Las madres están en la línea de fuego contra el terror. La austriaca Edit Schlaffer ayuda a mujeres de todo el mundo a identificar y combatir signos de radicalización en sus hijos.

En reconocimiento a su labor, es nuestra Europea del Año Reader’s Digest 2018

 

Tim Bouquet 

Fotografías de Markus Hintzen

 

 

Luton, Inglaterra, mayo de 2016

“No podía creer que mi hijo se hubiera ido a Siria. No sabía cómo afrontarlo. Interiormente me sentía enfadada, indignada con los que le habían lavado el cerebro”. Khadijah Kamara, de 37 años, explica a un grupo de 40 madres la historia de Ibrahim, un joven de 19 años, el mayor de sus cuatro hijos adolescentes, que se fue a luchar con los extremistas en Siria. Murió en un ataque aéreo en septiembre de 2014.

Las madres, principalmente de origen bangladesí, paquistaní y somalí, asisten a un programa de formación gratuito de 10 semanas de duración en un centro comunitario de la ciudad inglesa de Luton, cerca de Londres. La sala se utiliza a menudo para clases de mantenimiento, pero la clase de hoy es mucho más seria.

Es una escena impresionante. Kamara, natural de Sierra Leona, con cabeza tapada con un hiyab, mira por encima de un mar multicolor de pañuelos, saris y shalwar kameez.

Habla a las mujeres de su “hijo cariñoso y respetuoso”, que quería ser ingeniero pero que fue reclutado por la Yihad. “Mi hijo ha muerto y todavía no consigo entenderlo”, asegura.

Las madres la escuchan con atención. Aparecen lágrimas cuando Kamara dice que supo por otro combatiente yihadista que Ibrahim había intentado contactar con ella desde Siria poco antes de morir.

A su lado se sienta una socióloga austriaca, Edit Schlaffer, que ha volado desde Viena para reunirse con las madres. Edit es la creadora de este innovador curso. Su objetivo es sencillo y ambicioso: ayudar a crear una resistencia contra el reclutamiento de sus hijos por parte de los extremistas, y a intervenir cuando detectan signos de radicalización.

Parte de una iniciativa mundial, el curso se imparte en Luton por su frecuente vinculación con incidentes terroristas que le ha hecho recibir el apodo de “vivero del extremismo islámico” por los medios de comunicación británicos.

Desde noviembre de 2015 se han producido siete importantes ataques terroristas en Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Alemania y España, que se han llevado por delante 329 vidas y han dejado 1.648 heridos. Los autores han sido generalmente yihadistas nacionales, muchos de ellos captados por la propaganda islamista y los extremistas a través de las redes sociales.

A lo largo de las próximas semanas, las madres de Luton aprenderán a través de juegos de rol y ejercicios para generar confianza cómo comunicarse mejor con sus hijos, cómo observar su desarrollo psicológico, cómo vigilar su uso de Internet y cómo reconocer las señales de advertencia. El objetivo es ayudar a las madres a desarrollar su resiliencia y a desarrollarla en sus hijos, familias y comunidades.

Muchas viven en hogares dominados por el marido y raramente salen de casa si no es para llevar a sus hijos al colegio.

“Las madres han oído hablar de la radicalización”, explica Nazia Khanum, bangladesí de 74 años, experta en cuestiones de género, matrimonio forzoso y empoderamiento comunitario, que dirige el curso MotherSchools. “Pero no saben qué significa. Encerradas en casa, se sienten aisladas y aterrorizadas por Internet. Edit les ayuda a acabar con este aislamiento y a recuperar el contacto con sus hijos”.

Tanto ella como Edit han visto cómo los reclutadores terroristas continúan corrompiendo a la juventud desempleada y marginada de Europa. Más de 4.000 jóvenes musulmanes han abandonado Europa para luchar en Siria e Irak. “Tenemos que traer cordura al mundo y debemos empezar por nuestros hijos”, afirma Schlaffer. “Las madres conseguirán que el mundo sea más seguro”.

Las madres de Luton serán de las primeras en graduarse en Europa. Como dice Edit : “Podéis crear un nuevo ejército con palabras en lugar de armas”.

 

De un continente a otro

Schlaffer es madre de dos niños adultos y está casada con un profesor de psicología. Tiene 67 años, pero aparenta diez menos, lo que resulta sorprendente teniendo en cuenta su apretada agenda.

En solo seis semanas del otoño pasado, por ejemplo, pasó siete días  visitando MotherSchools en Jordania, volvió dos días a su casa de Viena antes de ir a París a hablar ante un foro mundial organizado por el presidente francés y trasladarse a Washington DC para dar una conferencia en la Universidad Americana. Días después estaba difundiendo su mensaje como delegada en la LXXII Sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Su compromiso refleja determinación y fuerza. “Lo que me da fuerzas es mi esperanza en estos tiempos oscuros y un sentido de aventura y fortalecimiento”, afirma. ¿Por qué quedarme en casa mirando la televisión y sintiéndome inútil?»

Edit describe su infancia como “anodina, tranquila y relajada”, por no decir completamente convencional. Nacida en 1950 en una familia de clase media, pasó sus primeros seis años de vida en la granja de su abuela situada al este de Austria, a pocos metros de la Hungría ocupada por los soviéticos. “Mis amigas y yo jugábamos delante de un soldado ruso. Mis padres me decían la suerte que tenía de vivir a este lado de la valla”.

Edit descubrió el activismo cuando estudiaba sociología en la Universidad de Viena y soñaba con convertirse en corresponsal extranjera. Pero la oferta de un trabajo de investigación le llevó a seguir la carrera académica. En los años 80, en su condición de profesora de sociología en la universidad, su investigación le permitió adentrarse en este campo.

Primero trabajó con refugiados, principalmente mujeres y niños traumatizados, procedentes del conflicto bosnio. «Sabía que éramos testigos de una historia viva y tenía que documentarla», explica.

Su trabajo en los años 90 la llevó a Paquistán, donde conoció a mujeres y niños que huían de la guerra en el vecino Afganistán. Allí conoció a un grupo de mujeres que arriesgaban sus vidas para cruzar la f rontera ilegal con Paquistán y mostrar en vídeo la brutalidad y las ejecuciones de los fundamentalistas.

“Tengo esa imagen viva de sus burkas al viento cuando estas valientes mujeres emprendían su peligroso viaje”, comenta.

La experiencia le inspiró al lanzamiento de Mujeres sin Fronteras (WwB) en 2001, con el objetivo de dar poder a las mujeres como agentes del cambio. Los proyectos de la ONG incluyen la primera línea directa antirradical en Yemen, estrategias para las chicas de Ruanda y un centro de mujeres en Afganistán.

En 2008, WwB lanzó SAVE, Sisters Against Violent Extremism (Hermanas contra el Extremismo Violento), una plataforma femenina contra el terrorismo que pretende unir a mujeres de todo el mundo. “Tenemos que levantarnos por nosotras mismas y por los demás. Los tiempos de crisis son también una oportunidad”, dice Edit.

 

Khujand, Tayikistán, 2012

Cuatro años después, Edit Schlaffer y un grupo de madres tayikas se reunieron en una austera habitación de un pequeño centro comunitario de la segunda ciudad de Tayikistán. Edit forma parte de una misión financiada por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa para analizar la creciente radicalización en el país. Solo hay una pequeña estufa para protegerse del frío de la montaña, pero las temblorosas mujeres están impacientes por hablar.

“Estaban alarmadas por el abandono de la escuela por parte de sus hijos y su captación por las mezquitas financiadas por Arabia Saudí, donde se les enseñaba una interpretación extremista del Islam. Se sentían impotentes », afirma Edit.

“Les dije, ‘¿No podéis hablar con ellos?’ Ellas me respondían que sus hijos ya no eran unos niños y era muy difícil discutir con ellos. Algunos de estos ‘hombres’ solo tenían 12 años, pero querían hacerse los duros y ser unos héroes. Las mujeres intentaban cuidar de sus hijos, pero otras influencias habían creado una distancia”.

De pronto Edit tuvo una intuición. “Todavía puedo ver a Rosaria, madre de cuatro hijos, sentada delante de mí con una sonrisa maravillosa. Me dijo: Las madres deberíamos volver a la escuela’.

En este momento nació la idea de MotherSchools. Me di cuenta de que las madres son las que están en la línea de fuego contra el terror. Debemos darles no solo confianza sino también herramientas y técnicas adecuadas para interactuar con sus hijos”.

Edit consiguió financiación. Ella y su equipo investigaron en profundidad y entrevistaron a cientos de madres de adolescentes en zonas de conflicto histórico, entre ellas Irlanda del Norte, territorios palestinos, Paquistán y Nigeria. Muchas identificaron una necesidad urgente de oportunidades y habilidades prácticas para responder al riesgo de la radicalización.

En febrero de 2013 se abrió la primera Mother- Schools piloto en Tayakistán, a la que le siguieron otras en Austria, Bélgica, Alemania, Macedonia, Reino Unido y países no europeos.

 

Würzburg, Baviera, septiembre de 2017

La intuición de Edit Schlaffer se está extendiendo rápidamente. Hay 22 mujeres sentadas en círculo con el sol filtrándose por las ventanas del Centro de Congresos de Würzburg, a orillas del río Meno. Famoso por sus iglesias barrocas y sus viñedos, este tranquilo rincón de Alemania parece alejado del terrorismo islamista.

Aunque el año pasado el país sufrió su primer ataque yihadista, obra de un solicitante de asilo afgano radicalizado de 17 años, armado con un cuchillo y un hacha, que atacó a los pasajeros de un tren cerca de la ciudad.

Las mujeres, originarias de Turquía, Túnez, Argelia y Siria, son trabajadoras sociales, maestras, traductoras, orientadoras y madres a tiempo completo. Están recibiendo formación para abrir y dirigir MotherSchools en cinco puntos de Baviera.

El Gobierno bávaro ha encargado a Edit la creación de escuelas como parte del programa de prevención de la radicalización. Ella sabe que las mujeres de las comunidades locales son las únicas capaces de llevar a cabo el programa de MotherSchools.

Edit, con unas zapatilla de deporte rojas y una blusa blanca, abre el acto planteando un reto: “Cada una de vosotras va a caminar por la habitación”, dice.

Al principio existe una cierta reticencia. Es una prueba atrevida para las mujeres, muchas de las cuales están acostumbradas a desempeñar un papel secundario en sus culturas. Una joven con vaqueros y tacones negros da un paso adelante y empieza a recorrer la habitación. Su autodeterminación inspira a otras a levantarse. Enseguida la habitación se convierte en una colorida pasarela de trajes elegantes, ropa de deporte, pantalones y pañuelos brillantes. Suenan vítores y risas.

Este ejercicio acaba en un debate sobre cómo las madres pueden enviar señales a sus hijos a través de su lenguaje corporal: «Los niños saben leer el lenguaje corporal», explica Edit. «Cuando irradiamos autoconfianza, ellos también lo hacen. Los reclutadores extremistas son muy afectuosos y empáticos. También se muestran muy firmes cuando les dicen que ayudarán a que los jóvenes tengan una vida mejor. Las madres deben adoptar estas mismas iniciativas… pero con una finalidad positiva. Conseguir que las mujeres se sientan fuertes empieza con el refuerzo de la idea de su valor como madres y como personas».

“Si no hay prevención hay radicalización”, afirma Bouchra, una madre de 46 años con cinco hijos que dirigirá una de las MotherSchools bávaras. “Vine aquí para aprender. Quiero hacerlo bien”.

 

Luton, septiembre de 2017

En Gran Bretaña, Parvee, de 40 años, es una de las últimas graduadas del programa MotherSchools de Luton. Nacida en Paquistán, llegó a Inglaterra hace 20 años. Tiene dos hijos adolescentes de 18 y 13 años.

“Antes de hacer este curso, mi hijo mayor había dejado de escucharme. Me preocupaba el que pasara demasiado tiempo delante del ordenador”, explica. “Las otras madres me ayudaron a aprender de nuevo a cómo hablar con mis hijos, a evitar disputas o silencios. Ahora tenemos el ordenador en el salón, y la familia come junta en lugar de quedarme encerrada en la cocina”.

“No sabía lo que significaba la comunidad”, añade. “Pero ahora tengo muchas amigas y un trabajo a tiempo parcial. Me siento como una madre pájaro que ha aprendido a volar en busca de un mundo más amplio”.

Sus palabras son una prueba evidente de la diferencia que marca MotherSchools en el aumento de la autoestima de las madres y de las relaciones sociales con el fin de proteger mejor a sus hijos. Como asegura Edit Schlaffer: “Cuando veo el afecto y la confianza en nuestras graduadas sé que sabrán enfrentarse al extremismo y a la violencia gracias a su cambio de actitud”.

Con información adicional de Isabelle de Pommereau

 

Europeo del año reader’s digest

Nuestro premio anual reconoce la labor de un exclusivo grupo de europeos cuyo extraordinario trabajo ayuda a hacer del mundo un lugar mejor. Edit Schlaffer es la 23ª ganadora de este reconocimiento único.

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