PREVENIR EL INFARTO: LO QUE NO SE ENSEÑA A LOS MÉDICOS

 

Me encontraba ante 250 rostros jóvenes en un enorme auditorio circular. Iba a dar una conferencia de cardiología preventiva a los estudiantes de segundo año de medicina de la Universidad Estatal Wayne. 

 

Joel K. Kahn

 

 

Sabían mucho sobre fármacos reductores de colesterol e incluso sobre operaciones de derivación coronaria, pero ¿qué hacer para que las personas no tuvieran que acudir al cardiólogo?. Eso nunca se había enseñado en la universidad.

Me entusiasmaba que la facultad hiciera aquel cambio histórico en el plan de estudios y me pidiera que, como profesor de medicina, ayudara a ponerlo en marcha. ¿Cómo condensaría lo que sabía sobre prevención de las afecciones cardiacas en una conferencia que duraba menos de una hora?.

Es increíble lo mucho que no podré decirles, pensé.

Por eso escribí The Holistic Heart Book (“Cardiología holística”; página web: holisticheart.com), para tratar lo que habría enseñado a esos alumnos si hubiera tenido más tiempo. Contiene decenas de recomendaciones que te ayudarán a alargar la vida de tu corazón. Ninguna implica ir a la farmacia y, aunque están respaldadas por cientos de estudios y datos anecdóticos, los médicos no las dan a conocer normalmente.

Quisiera enseñar a los futuros cardiólogos a difundir entre sus pacientes estos consejos que salvan vidas. Por fortuna, hoy puedo darte directamente los más importantes:

 

La medicina más potente: el alimento. Llevo décadas llevando una dieta vegetariana, pero desde que la literatura médica empezó a divulgar que este estilo de alimentación reduce el índice de infartos, lo recomiendo a mis pacientes. Aunque muchos no dejan la carne, aprovechan los siguientes consejos:

 

- come al menos 5 piezas de verduras al día. Según dos de los mayores estudios sobre el efecto de la alimentación en las afecciones crónicas, quien come ocho o más porciones al día corre un 30% menos de riesgo de sufrir infartos y apoplejías que quien consume porción y media o menos. Por lo tanto, come al menos cinco porciones diarias de frutas y verduras. A mis pacientes les gusta preparar en la licuadora un zumo de verduras de hoja verde con fruta.

 

- toma tres tazas de té al día Los tipos verde, negro y oolong (o té azul) reducen el colesterol total y los triglicéridos, regulan la glucosa en la sangre y mitigan la inflamación.

 

-  si comes carne, que sea sin procesar. Dejar los alimentos de origen animal es muy radical, pero puedes evitar carnes procesadas como embutidos y tocino. Investigadores de la Universidad Harvard observaron que comer 50 gramos de carne procesada más de una vez a la semana aumenta en un 42% el riesgo de cardiopatías. Procura que la carne sea orgánica: sin antibióticos, hormonas ni aditivos. Elige los animales que pastan a los que comen granos, pues su carne contiene más ácidos grasos omega 3.

 

-  elige pescados ricos en omega 3: sardina, caballa, anchoa, salmón y arenque. Son la mejor fuente de omega 3 y promueven la salud cardiaca al reducir la inflamación, las arritmias, los triglicéridos y la presión arterial. También es menos probable que estén contaminados con toxinas que otras especies.

 

      

Ayuna 11 horas cada noche

El cuerpo necesita este lapso para restaurar el metabolismo. Interrumpirlo comiendo de madrugada puede aumentar la inflamación, la glucosa, los lípidos en la sangre y el envejecimiento celular. Da por cerrada la cocina después de cenar, idealmente a las 7 de la tarde.

 

Aumenta la actividad física

Quienes llevan una vida sedentaria son un 73% más propensos al síndrome metabólico, un conjunto de trastornos que aumentan el riesgo de contraer cardiopatías. Una manera de motivarte es realizar breves actividades físicas pensando en los demás. Por ejemplo, en vez de ir sentado en el autobús, cede el asiento a otro pasajero.

 

Toma vitamina “Y”

El yoga tiene efectos directos y potentes sobre el corazón. Unos enfermos de fibrilación auricular —la arritmia más común— que practicaron yoga durante tres meses sufrieron menos accesos del trastorno. En un estudio realizado a 30 hipertensos, fueron suficientes de cinco a siete minutos de yoga dos veces al día durante dos meses, para reducir el ritmo cardiaco y la presión arterial con respecto a otro grupo de control que no practicó yoga.

 

Adopta una mascota

Parece que las mascotas tienen un efecto beneficioso sobre el estrés, el colesterol y la presión arterial. La explicación quizá sea que su campo energético, más tranquilo, influye en el nuestro. Cuando los científicos monitorizan juntas a una persona y su mascota, detectan la uniformidad del pulso. Este fenómeno, llamado coherencia, mejora la salud cardiaca. Si no tienes perro, adopta uno.

 

Frecuenta la sauna

Aunque en muchas saunas hay letreros que aconsejan precaución a los enfermos del corazón, científicos japoneses observaron que la sauna infrarroja, cuyo calor penetra más en la piel que la sauna tradicional, puede beneficiar al corazón. Unos enfermos del corazón tratados con esta terapia dos veces por semana presentaron la mitad de hospitalizaciones y defunciones que otro grupo (que no recibió esta terapia) al cabo de cinco años. Al parecer, los rayos infrarrojos mejoran la función de la membrana interna de las arterias.

 

Sé agradecido

Cuando Glenn Affleck, psicólogo de la Universidad de Connecticut, entrevistó a 287 convalecientes de infarto, observó que quienes podían ver el lado bueno del accidente tenían menos riesgo de sufrir otro ataque en el lapso de ocho años. Por eso, es aconsejable apuntar cada día una o más cosas de las que estés agradecido.

 

Reactiva tu vida sexual

Los hombres que tienen relaciones sexuales dos veces por semana corren la mitad de riesgo de sufrir un infarto que quienes las tienen una vez al mes. Si padeces del corazón y temes sufrir un infarto durante la actividad sexual, relájate: ésta supone el mismo esfuerzo que el ejercicio leve. Si puedes subir dos pisos de escaleras sin dificultad, siéntete seguro en la alcoba.

 

Abre las ventanas

La calidad del aire en tu casa puede ser peor que en las ciudades más contaminadas. Las fuentes pueden ser lacas para el pelo, velas, vapores del recubrimiento antiadherente de ollas y sartenes, etc. Aunque quizá sean inofensivas por separado y en pequeña cantidad, juntas pueden producir inflamación, hipertensión y arteriosclerosis. Procura ventilar la casa a menudo.

 

Limpia con los productos que cocinas

Muchos limpiadores (incluso algunos ecológicos) contienen sustancias asociadas con la apoplejía y la hipertensión. Procura limpiar la cocina con los mismos productos con que cocinas: vinagre blanco, limón, bicarbonato de sodio y fécula de maíz.

 

Tira recipientes de plástico

Algunos componentes del plástico, como el bisfenol A (bpa) y los ftalatos, pasan a los alimentos que tocan y pueden afectar el sistema endocrino. La presencia de bpa en la orina se asocia con el riesgo de cardiopatías y más de 15 artículos médicos atribuyen males cardiovasculares a los ftalatos. Guarda los alimentos en recipientes de vidrio, cerámica o acero inoxidable.

 

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NOTA DEL EDITOR: El doctor Joel K. Kahn es profesor de Medicina Clínica en la Universidad Estatal Wayne en Detroit. Es autor del libro publicado por Reader’s Digest The Holistic Heart Book. Para más información consulta holisticheart.com

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